1925 PARIS – MANISES JOSÉ GIMENO MARTÍNEZ Y LA CERÁMICA VALENCIANA
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Artículo completo disponible publicado en julio de 2026 en el libro de fiestas de la Clavaría de las Santas. Agosto de 1925, José Gimeno Martínez regresa de París “…con la firme intención de recuperar la cerámica valenciana...” según se refleja en sus notas personales. Aquel viaje, acabará marcando el inicio de una trayectoria empresarial dedicada a reinterpretar y mantener viva esa tradición. Cien años después, nuestra empresa, La Cerámica Valenciana Sucesores de José Gimeno Martínez, continúa vinculada a aquella misma idea inicial de entender la cerámica como memoria material y continuidad de un oficio. ORÍGENES Y PRIMEROS PASOS La presencia de esta rama del apellido Gimeno en Manises, se remonta aproximadamente al año 1550, cuando se documentan las primeras actividades ceramistas de nuestra familia en la persona de Domingo Eiximeno. Carlos I era Rey de la España y Pere Boïl el señor de Manises en el aún Reino de Valencia. Habrán de pasar 12 generaciones hasta que, inmerso de lleno en ese ambiente artesanal nace José Gimeno Martínez en Manises, en 1988, hijo del ceramista José Gimeno Albenca y Simona Martínez Vilar. Su trayectoria profesional resume la clave de su transformación. Formado entre 1902 y 1907 en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, José Gimeno inicialmente es un pintor cerámico con una sólida formación artística, capaz de moverse con facilidad entre el taller de cerámica familiar y los ambientes culturales e industriales de su tiempo. Esa doble condición, oficio y formación académica, sería decisiva para el futuro.En 1911 asume la dirección artística de la fábrica de loza de Juan Bautista Cabedo, conocida como “La Rosa”, en Manises. Allí organizó el departamento de pintura y decoración formando a unas 30 mujeres pintoras. A principios de la década de 1920 colabora con Manuel González Martí, por entonces director de la Escuela de Cerámica de Manises y posteriormente director del Museo Nacional de Cerámica, en la realización de varios proyectos decorativos. Ante la ausencia de museos de cerámica oficiales en la época, su amigo González Martí, experto en la materia y gran coleccionista de cerámica, será el medio para tomar un primer contacto con las piezas y azulejos originales de la cerámica valenciana.Gimeno sigue pintando. En 1925 gana el concurso para realizar el Vía Crucis para el Monte Carmelo en Haifa, entonces Palestina. 14 paneles de 12 azulejos cada uno. Un gran trabajo ejecutado con destreza pictórica fabricado en la manufactura de Francisco Arenes.
EL VIAJE A PARÍS
En 1925, Gimeno trabajaba para la fábrica de José María Verdejo Borrás cuando obtuvo una beca del Estado español, concedida a través de la Junta de Pensiones para Obreros en el Extranjero, para viajar a París. La finalidad de estas pensiones era que los beneficiarios regresaran a España con nuevos conocimientos aplicables a la modernización de la industria nacional y a la mejora de la formación profesional obrera. En el caso de Gimeno, el viaje tenía como propósito conocer de primera mano las últimas tendencias artísticas presentadas en la Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes y redactar, a su regreso, un informe para el Ministerio de Trabajo. La Exposición Internacional de Artes Decorativas fue uno de los grandes acontecimientos culturales de la Europa de entreguerras. Su importancia fue enorme porque en ella se consagró el Art Déco como un estilo moderno, elegante, geométrico y decorativo, aplicado a todas las ramas de las artes y oficios.

Para un pintor clásico y ceramista de Manises como José Gimeno, aquel viaje debió ser muy impactante porque estaba viendo en esos majestuosos pabellones cómo Europa convertía los oficios artísticos en una expresión de modernidad. Por entonces España estaba culturalmente en un buen momento que desembocaría en la generación del 27, pero esa brillantez intelectual no se traducía en una sociedad moderna, urbana e industrializada. El país, gobernado por Primo de Rivera, seguía marcado por una sociedad desigual, con mucho peso rural y anclado en lo tradicional.Asomarse a la Europa moderna debió de suponer para José Gimeno un intenso choque cultural. Sin embargo, conviene puntualizar que una de las grandes vanguardias del momento se encontraba en Alemania donde la escuela de la Bauhaus iba un paso más adelante hacia una nueva síntesis entre artesanía, industria y diseño.

Gimeno viajó al París de los años veinte en busca de la modernidad, pero allí encontró también otro estímulo que resultaría decisivo: la tradición de la cerámica medieval valenciana, presente en las colecciones de los grandes museos del Louvre, Cluny y Sèvres.
Los museos franceses estaban especialmente fascinados por la extraordinaria producción de reflejo dorado, el exotismo hispanomusulmán y su relación con el arte islámico de la época medieval, en cambio, la cerámica popular valenciana y de Manises de los siglos XVIII y XIX apenas tenía presencia quizás porque era considerada demasiado popular o poco académica para entrar en las grandes colecciones. Aquí se presenta la paradoja. Esta es la cerámica que José Gimeno no encuentra en los museos y que decide reinterpretar y recuperar a su vuelta. Cabe plantear la hipótesis de que José Gimeno comprendiera que la tradición popular valenciana conservaba todavía una continuidad productiva, técnica y humana que la cerámica medieval ya había perdido y eligiera por tanto, orientar su trabajo hacia la reinterpretación de los repertorios de los siglos XVIII y XIX para ponerlos de nuevo en valor. Recordemos que la cerámica valenciana de esa época se basa en la azulejería barroca y en las piezas de forma de Manises como reinterpretación libre de la académica cerámica de Alcora. Es decir, mientras se admiraba la cerámica medieval como vestigio de un pasado glorioso, pero apagado, José Gimeno decide apostar por la Manises que todavía respiraba actividad.
FUNDACIÓN DE LA EMPRESA
No tenemos una referencia clara de estos dos años de impás tras su pensionado en París. Es posible que los cambios tras el viaje no fuesen inmediatos. José Gimeno todavía está muy conectado al que era su trabajo diario, pero empieza a valorar la viabilidad de su proyecto empresarial.
El año 1927 marca el punto de inflexión definitivo: José Gimeno Martínez funda formalmente la empresa familiar, a la que denomina “La Cerámica Valenciana”, con el apoyo económico de Eduardo Salinas Romero quién entre otras actividades, fue director de la escuela de Artes y Oficios de Valencia. Salinas actúa como socio capitalista y Gimeno como productor. Se inicia entonces una etapa de extraordinaria actividad artística y comercial. José Gimeno asume la dirección artística y técnica, y convierte el obrador familiar en un taller renovado de creación cerámica. Más que una cuestión de continuidad se trata de una expresa voluntad empresarial.

Dos figuras serán claves en esta época de arranque. Pilar Gimeno Martínez, hermana de José Gimeno, será la pintora principal de la fábrica, especializada en la decoración de piezas de forma y en el desarrollo de decorados. Francisco Aguar Tarín, será el otro pilar del taller, con un sólido estilo gráfico heredado de su trayectoria paralela como reconocido grafista. Ambos serán, junto a José Gimeno, quienes definirán para siempre el original y reconocible estilo “Gimeno” que ha llegado hasta nuestros días y que ha sido y es reinterpretado por otras firmas.

Mientras perfila su nueva trayectoria, sigue trabajando por libre. En este año de 1927 todavía realiza un espléndido panel de azulejos para la fábrica de Francisco Lahuerta que podemos contemplar expuesto en el Museo de Cerámica de Manises. Un detalle; en esta fábrica de Lahuerta instruye en el dominio del pincel a Marcial Marco del que siempre dice que es un gran discípulo.En 1928 aparece en el periódico Las Provincias el primer anuncio publicitario que nos consta de “Cerámica Valenciana”, con José Gimeno Martínez presentado como director artístico y pintor, ya establecido en la fábrica de la calle del Huerto. Se trata de la primera aparición pública de la marca y toda una declaración de intenciones refrendada por sus más de veinte años de oficio. Durante la primera mitad de los años treinta la empresa y la marca Gimeno ya está consolidada. Participa en varias ediciones consecutivas de la Feria Muestrario de Valencia. Los productos expuestos reflejan un momento de transición y eclecticismo: azulejerías y piezas neobarrocas, clásicas, decoraciones con reflejos metálicos, influencias modernistas tardías, ecos de art déco y una evidente y progresiva recuperación de lenguajes gráficos valencianos. Se editan los primeros catálogos gráficos compuestos por fotografías de producto en blanco y negro, cuidadosamente referenciadas y encuadernadas que evidencian ya una distribución comercial. Todavía colabora profesionalmente en la fábrica con el ceramista paraguayo Julián de la Herrería o Andrés Campos Cervera, incorporando alguna de sus novedosas creaciones al catálogo de la empresa. Corre el año 1936.Durante el periodo de confrontación nacional hubo que sortear alguna situación incómoda que no merma las intenciones de Gimeno de seguir trabajando en su oficio. En el año 1940 se incorporan al equipo de trabajo sus hijos mayores Francisco José “Pepito” y Manolo Gimeno. Unos años más tarde llegará Vicente. La historia de “Pepito” Gimeno, formado también en Bellas Artes y lógico sucesor , deriva en otro relato paralelo a partir de su salida de la empresa unos años más tarde. Ese mismo año, Alfredo Fraile dirige para Cifesa el documental Reflejos de Manises, rodado prácticamente en la fábrica de José Gimeno de la calle del Huerto. La película deja constancia de un legado precioso: no solo documenta, con textos de Almela y Vives, el proceso de fabricación, sino que permite recordar para siempre a la familia Gimeno en su ambiente de trabajo. Son los años de la Obra Sindical de Artesanía, una idea económica, social y política del nuevo regimen de Franco para favorecer las artesanías y oficios tradicionales frente a la industrialización e influencias de modas extranjeras. En la obra de Gimeno se producirá, quizás forzado por la situación, un acercamiento hacia el producto más complejo y elaborado, con mayor impacto visual , carga historicista y alto nivel artesanal. Pero José Gimeno mantendrá ese impulso cercano a la cerámica popular valenciana del taller manisero de pincelada viva, exuberancia espontánea y “horror vacui” popular. Los diferentes encargos se producirán ya durante el resto de su carrera tanto a nivel regional, nacional e internacional dando pie a la obtención de varios reconocimientos y galardones.
LA SUCESIÓN
Tras el fallecimiento de José Gimeno en 1967, la dirección recae en sus hijos, dando paso a la segunda generación, los hermanos Manolo y Vicente Gimeno Aguilella quienes asumirán el digno relevo, sorteando todo tipo de dificultades y crisis. Finalmente, los Hermanos Gimeno Peris, como tercera generación, - o catorceava según se mire- hemos continuado este proyecto iniciado hace cien años hasta la actualidad, adaptando la empresa progresivamente a los nuevos tiempos sin perder el espíritu artesanal y la calidad de producto y servicio que debe caracterizar a la firma.

EL LEGADO
Como epílogo podemos decir que José Gimeno Martínez no solo recuperó repertorios olvidados de la cerámica valenciana. Su trabajo contribuyó también a que, desde mediados del siglo XX, el nombre de “cerámica de Manises” se aplicara popularmente a un amplio conjunto de producciones: piezas de forma, objetos decorativos y azulejerías de inspiración barroca originalmente fabricadas en la ciudad de Valencia. Aunque no todas esas tradiciones nacieron en Manises, la labor de Gimeno ayudó a reunirlas bajo una misma imagen reconocible. De este modo, el nombre de la ciudad ganó en proyección y quedó asociado, para el gran público, a una cerámica histórica, decorativa y estéticamente identificable.
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